
Ahora callas / Now, quiet, 2010. ©Héctor Bermejo
“No hay paisaje sin ti. Qué roca oscura, qué mar de plomo, qué amarillo cielo. Es sólo tu mirada la que infunde belleza y claridad. Máquina extraña que elabora el prodigio del paisaje. Sólo es rosa la rosa si la miras y este trozo de tierra abrupta y este trozo de mar sombrío se revelan en tus laboratorios cerebrales. Ah, si fuese verdad tanta belleza. Pero la verdad nace en los sentidos. La verdad es tu mano y es tu lengua, tu nariz, tus oídos, tus pupilas y tu humana conciencia recogiendo tanto material presto a la hermosura. Cuando la bomba aséptica extermine córneas, tímpanos, lenguas, pituitarias y piel en forma tuya edificados, ¿qué será de esta pobre geografía sin el soplo de un dios que la despierte?”.
El paisaje eres tú de Leopoldo de Luis.
Consciente de la interrupción del discurso por la muerte física o por la muerte de la palabra -que se identifican- al reemprender-lo en los Diálogos del conocimiento de Vicente Aleixandre, donde se acerca a aquella “escritura vocal” que Barthes reivindica, recordando las recomendaciones de Artaud y de Sollers (Barthes, Roland: The pleasure of the test, Hill and Wang, N.Y., 1975).
Estos diálogos póstumos – o quizás simplemente escritos con la plena sabiduría de la muerte, como quiere Leopoldo de Luis, concitan alrededor del poeta, como las imágenes que pasan en rápida sucesión por la mente del que se ahoga, una serie de personajes, que parecen querer dar cuerpo y concreción al discurso.
En esencia, culmina aquí la actitud dialéctica alejandrina, (ya que cada imagen nos muestra un diálogo o coloquio que, en paridad, es lo que Unamuno podría llamar monodiálogos y nosotros monólogos agrupados), como si el yo desaparecido, o en trance de desaparecer, renaciera asumido por una serie de voces, que son, en cierta medida, cauces de distintos monólogos interiores convergentes, que nos prestan una visión total a través de una confusión parecida a la que informa, en el alba de nuestro pensamiento, la combinatoria luliana.